“Paciencia, pequeña saltamontes…”

elena

Érase una vez, una princesa llamada Alejandra.

Su pelo era largo y negro.

Y su sonrisa, siempre hacia que la gente del pueblo se sintiera con confianza.

Con solo verla te dabas cuenta que todo saldría bien.

Ella vivía arriba de una montaña, en un enorme castillo.

Y un día, decidió bajar para jugar en el rio.

De repente, escucho un ruido.

“Cri, cri” decía el sonido.

Ella se asustó.

De inmediatamente miró a su alrededor.

Para su sorpresa miro a un saltamontes sollozando debajo de un árbol.

Y le pregunto: “¿Estás bien?, ¿Necesitas ayuda?”

Pero la saltamontes no respondió.

Alejandra se acercó y le susurró “Por favor no llores, aquí estoy yo, y no me iré hasta no verte feliz”.

Entonces la saltamontes levanto la cabeza y la miró.

Las lágrimas poco a poco le dejaron de escurrir.

Y sin decir una palabra, se le trepo y la abrazo.

Alejandra sonrió.

“Tengo miedo” le contestó.

“¿Miedo, pero por qué? Mira a tu alrededor, ¿escuchas eso? … Es el río, los pájaros y el viento que fluyen a tu alrededor”.

La saltamontes se quedó pensando.

Y después de un rato le dijo: “Sí, pero no tengo miedo de eso… tengo miedo de no poder decirle a mi mamá que me corrieron de mi trabajo y que piense que soy un fracaso”.

“¿Que acaso no has ido a buscar otro trabajo?”

“Sí, todos los días me levanto y…”

Alejandra la interrumpió. Y de nuevo le sonrió.

“Paciencia, pequeña saltamontes. Las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar”.

En ese momento, la saltamontes supo que no se podía rendir, algún día alguien la tendría que contratar.

“¿Haber cuéntame qué sabes hacer?” le preguntó Alejandra.

“Hablo 5 idiomas, soy buena para contar historias y no me da pena hablar en público” le afirmó.

“¡Mira que curioso!, justamente mi mamá está contratando a una maestra para que enseñe en nuestro castillo” exclamo Alejandra emocionada…

Y fue así como la saltamontes empezó a dar clases en el castillo de Alejandra.

 

La moraleja de la historia es que a veces las cosas pasan en el momento menos inesperado. Lo importante es seguir adelante y no dejar de luchar por nuestro sueños… Uno nunca sabe quien nos esta observando.

 

PD: Gracias Alejandra, por tus consejos por escucharme y por ser parte de mi familia. Sobre todo, por inspirarme a escribir esta pequeña historia…

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