Un chico llamado Ignazio

Yo tenía un novio que se llamaba Ignazio. Era alto, ojos de color miel y siempre llevaba en la mano un GoPro dorado. La verdad nunca había visto un GoPro dorado. ¡Qué extraño! Cuando me llamaba siempre platicábamos de cosas raras: gifs y emojis. Sí, así eran nuestras conversaciones. ¡Qué romántico!, ¿no? Curiosamente, él vivía a una hora de mi casa, en la ciudad vecina llamada “Duodécimo”. Ahí todos caminaban de un lado a otro, se saludaban e incluso ponían sus puestos de garnachas. ¿Cómo sé? Porque casi siempre iba los fines de semana. Lo irónico de todo esto es que nunca veía a Ignazio – estábamos en el mismo lugar, pero en el momento equivocado.

En varias ocasiones él me llegaba a preguntar: “¿Estás aquí?”

Y yo sólo le contestaba: “Jiji”

Pero por algún motivo, nunca coincidíamos.

Los días, las horas y los segundos pasaban, y nuestras conversaciones siempre terminaban en: 😊, HEHE, [GIF], [GIF].

Hasta que un día le dije: ¡Deberíamos salir!

“Sí, déjame saber” me contestó. 

Finalmente, la fecha había llegado. “¡Por fin!” pensé “Por fin, lo volveré a ver”. Entré a JULIO’S PIZZA, y lo esperé. Las horas, los minutos y los segundos transcurrían, pero nada. Él no llegaba. Me sentí decepcionada. De repente, vi como mi mano izquierda agarraba el celular, a punto de marcar. Fue ahí, donde me di cuenta que Ignazio sólo había sido fragmento de mi imaginación. Sí, en conclusión: era mi novio el imaginario.

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